Helado de Máquina

Cuando era pequeño compartía los veranos con un primo lejano, al que prácticamente veía sólo en esa época del año.
Era un chico muy nervioso y un poco descontrolado, con violencia y agresividad incluida, (aunque yo sabía que en el fondo de su conciencia imperaba el límite de lo aceptable).
Mi rol, en esa relación paterno filial, era el de echar pequeñas dosis de raciocinio y sentido común, cuando notaba que el límite de él, se iba difuminando en aras del poder que le otorgaba la fuerza bruta.
Y el suyo, el de cabalgar por la ladera de la locura, cuando notaba que el tedio se apoderaba de mí.
Ahora sé que seguramente aquella época fue la de mayor inocencia de mi vida

Era un chico muy nervioso y un poco descontrolado, con violencia y agresividad incluida, (aunque yo sabía que en el fondo de su conciencia imperaba el límite de lo aceptable).
Mi rol, en esa relación paterno filial, era el de echar pequeñas dosis de raciocinio y sentido común, cuando notaba que el límite de él, se iba difuminando en aras del poder que le otorgaba la fuerza bruta.
Y el suyo, el de cabalgar por la ladera de la locura, cuando notaba que el tedio se apoderaba de mí.
Ahora sé que seguramente aquella época fue la de mayor inocencia de mi vida


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